/// Todas las guerras contra nosotrxs ///
/// Nosotrxs contra todas las guerras. ///
Desde la más profunda indignación, repudiamos la agresión imperialista del gobierno estadounidense contra el pueblo de Venezuela. Una farsa que, usando como pretexto el narcotráfico, pretende asegurar el control sobre el petróleo venezolano, así como recuperar cierta “credibilidad” para el gobierno de Trump. Se trata, además de un intento de sembrar terror en toda América latina y recordarnos que nuestro territorio podría ser siempre el siguiente.
Es hipócrita justificar la invasión con la “guerra contra el narco “ cuando es el gobierno Estadounidense quien, desde mediados del siglo pasado, ha utilizado el trasiego de drogas como un dispositivo de control. A nivel internacional, para financiar grupos paramilitares que mantienen a los pueblos oprimidos y, a nivel local, para mantener a su pueblo sumiso y enriquecerse con su sufrimiento. Culpan a barcos pesqueros venezolanos, cuando la crisis de opioides en los Estados Unidos fue causada por la criminal complicidad del gobierno y las farmacéuticas.
No olvidemos las fracasadas ocupaciones estadounidenses anteriores. De Vietnam a Afganistán, sus operaciones sólo han logrado alimentar a señores de guerra locales que, en cuanto las fuerzas estadounidenses se retiran, vuelven a tomar el poder con las armas dejadas por el ejército invasor.
Hacemos un llamado a la acción solidaria internacional contra la invasión. Pero, como anarquistas, nuestra solidaridad está siempre con los pueblos que luchan por ser libres y tomar su destino en sus manos, y no con ningún gobierno. Repudiamos que los poderos negocien con el sufrimiento y la muerte de nuestros pueblos para mantener su poder y sus privilegios. Nuestra solidaridad está en la calle con la gente que está luchando y con los pequeños destellos de autogestión que han logrado, a pesar de su gobierno. Y sólo gracias a estos destellos de autonomía y autogestión es que puede haber una verdadera revolución.
Llamamos, pues, a cualquiera que se conmueva por esta agresión y se niegue a ser la siguiente víctima de la sed de poder imperialista, a la acción para parar la invasión. Debemos informar a nuestras comunidades, hacer público nuestro descontento, tomar las calles, boicotear las empresas cómplices, sabotear la infraestructura imperialista que financia, perpetúa y “legitima” la invasión. Pero, sobre todo, debemos convertir nuestra rabia en creatividad, creando espacios de autonomía y autogestión en nuestras protestas. Desde asambleas y colectivas hasta ollas comunes, huertas, escuelas libres y okupaciones.
Fuera yankees de América latina
No más guerras por petróleo
