Rojava de mi corazón, un llamado internacionalista a defender la autonomía

Cada generación de radicales tiene sus pequeños oasis de revolución. Lugares donde, aunque sea por un tiempo, nuestros ideales libertarios se materializan en formas de vida más libre. La comuna de París, la revolución rusa, las colectivizaciones españolas, los consejos de trabjadorxs en Hungría, la revolución cubana, las okupaciones en 68… Para nuestra generación, uno de estos oasis nació en medio del desierto, en Siria.

La terrible dictadura de la familia Al Assad se construyó sobre las bases de la represión y de alimentar los conflictos étnicos. Durante las revueltas de 2011, el gobierno intentó aplicar esta misma fórmula pero fracasó. La dura represión del gobierno logró romper las barreras étnicas y unir a los pueblos. Los consejos locales florecieron por todo el territorio, no sólo para organizar la lucha, sino la vida cotidiana desde bases más horizontales e interculturales.

En el norte de Siria, este impulso a la autonomía se encontró con el movimiento de liberación nacional kurda para dar a luz al confederalismo democrático; un proyecto político sin Estado, basado en la creación de comités locales, la ecología y la participación activa de las mujeres en todas las dimensiones de la autogestión. Tristemente, la primera tarea que debió organizarse fue la autodefensa. Apenas el proceso de comités cristalizaba debió construir milicias de autodefensa contra los avances del Estado Islámico. La lucha contra el Estado Islámico supuso también alianzas peligrosas con los Estados Unidos, así como un mayor peso de la autoridad del partido tradicional de la liberación kurda.

De cualquier modo, los experimentos de autonomía que se estaban dando en el territorio liberado de Rojava conmovieron a lxs radicales, amantes de la libertad, de todo el mundo. Muchxs viajaron para levantar la pala y el fusil en defensa del proyecto confederalista. La bandera negra y la A circunvalada se dejaban ver. Pronto también nos llegaron noticias, tanto de milicianxs internacionalistas como de conpañerxs exiliadxs, de que las cosas no eran tan maravillosas como los discursos las pintaban. No todas las voces pesaban igual en los consejos y no todxs podían opinar. Los compromisos con las potencias costaban cada vez más. Y cada vez quedaba menos claro qué pesaba más, la liberación nacional kurda o la liberación a secas, de todxs sin importar su etnia o identidad.

Sabemos que las cosas nunca son blancas o negras. Ningún proceso revolucionario es “puro” o “perfecto”. Pero, a 14 años de lucha, nos parece innegable el valor de los proyectos en el territorio liberado de Rojava. Estos proyectos están hoy en riesgo. Cuando, a finales de 2024, una alianza de milicias con apoyos internacionales lograron tumbar la dictadura de al Assad, el destino de la autonomía kurda era poco claro. No se les reconocía en el discurso oficial. Las cosas se complicaron a mediados de 2025 cuando el PKK, partido de la liberación kurda en Turquía y referente organizativo del confederalismo, anunció que depondría la lucha armada, favoreciendo la vía legal de lucha.

El destino del territorio liberado de Rojava era incierto hasta que, a inicios de enero, el ejército oficial sirio empezó su ofensiva contra las zonas liberadas. Negó el reconocimiento a la autonomía y exhortó a las fuerzas de la resistencia a integrarse al ejército oficial. Siguiendo la táctica de al Assad, el gobierno sirio buscó el apoyo de las comunidades árabes del territorio que, tal vez, no se sentían plenamente incluidas en el proyecto de liberación kurda. A su paso, el gobierno sirio se apoderó de cárceles controladas por el gobierno kurdo, liberando a miembros del Estado Islámico que ahí se encontraban.

Frente a esta ofensiva, las fuerzas kurdas han decidido resistir y defender su autonomía. Hoy, Kobane, principal ciudad del territorio liberado, se encuentra en estado de sitio. Por todo el territorio se rearticulan las autodefensas, con las juventudes al frente. Y han lanzado un llamado internacional a la solidaridad. Han conformado caravanas para ir a liberar Kobane y llaman a acciones solidarias para defender la autonomía de Rojava.

Desde la Coordinadora Anarquista Tejiendo Libertad, espacio de coordinación libertaria en la Abya Yala, no podemos sino suscribir este llamado a la solidaridad internacional. En forma análoga a lo que ha pasado con Venezuela, más allá de nuestras diferencias o hasta críticas, creemos que los proyectos revolucionarios de autogestión que se han construido son tremendamente valiosos y es nuestro deber como anarquistas defenderlos.

Una vez más, nuestra solidaridad no está con ningún partido, caudillo ni bandera, sino con los pueblos que luchan por construir su autonomía. Ningún partido puede liberar al pueblo, son sólo los pueblos organizados de forma autónoma quienes pueden conquistar y defender su propia libertad. Los comités locales, que lograron romper las barreras étnicas y organizar la vida desde abajo, fueron el terror de Assad y el Estado Islámico, qué lo sean también del gobierno de al-Julani y sus aliados turcos.Desde nuestros territorios, consideramos nuestra responsabilidad levantar la voz.

(1) Difundir en nuestros territorios no sólo lo que pasa en Rojava, sino el valor lo que ahí se ha construido.

(2) Participar de acciones de solidaridad con Rojava y sabotaje a la infraestructura de guerra.

(3) Y, como hemos dicho antes, la mejor forma de minar las estructuras de opresión es construyendo alternativas autogestivas.

No sólo debemos defender la autonomía de Rojava, sino expandir sus conquistas de autogestión más allá de sus fronteras. Lo que más teme la gente en el poder es que dejemos de depender de ellos y su poder se esfume.

Jin, Jiyan, Azadî (Mujer, Vida, Libertad)

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